Incapaces, esa es, en mi opinión, el adjetivo con el que debo definir a nuestros políticos.
Llevo muchos años confiando en que los gobiernos, comunidades y ayuntamientos estaban ahí para hacer el bien a los ciudadanos.
Son años de intentar cambiar el mundo y hacerlo mejor, son años de tener las ideas muy claras sobre lo que deberíamos hacer, y años de intentar hacerlo.
Pero toda esta experiencia en ecología, política, economía, empresa, ciencia, tecnología, management, etc. sólo me han ayudado a darme cuenta de lo incapaces que son nuestros políticos, sean de la condición que sean.
Quizás porque no saben, no quieren o no pueden cambiar las cosas.
Están demasiado atados a intereses de partido, privados, empresariales, personales, y ambiciones varias como para poder realmente hacer algo.
Desde el Sr. Presidente del Gobierno, al líder de la oposición, pasando por todos los diputados, senadores, alcaldes, consejeros de comunidades, concejales, asesores, sindicalistas, etc. Sean del partido que sea, PSOE, PP, independentistas, autonomistas, verdes, liberales, sindicales, o lo que sea.
Sabemos lo que necesita España, un gran pacto que nos encamine hacia la salida de esta crisis, que aumente la competitividad al tiempo que mejora los derechos de los trabajadores, que implica a todos los sectores en la consecución del que debería ser el objetivo fundamental de todos, la creación de riqueza y frenar la sangría competitiva de España.
Pero nadie va a dar el paso de encabezarlo, y aunque lo hiciese, nadie va a respaldarlo porque estarían demasiado atareados en ver quien puede comerse más carroña del cadáver político de quien lo hiciese.
Iba a comparar la situación actual con una manada de hienas esperando comerse unos a otros, pero después de ver el documental de Tierra, creo que podríamos aprender mucho de aquellos que consideramos carroñeros, o especies inferiores.
Ayer vi como un grupo de licaones ejecutaba casi instintivamente una cacería perfecta, cómo se iban asignando funciones para lograr su objetivo y cómo, actuando en equipo, lo lograban.
Sobrevivir.
Creo que tenemos mucho que aprender de los licaones. No me atrevería a comparar a los políticos, empresarios y trabajadores españoles con animales más hermosos. No somos tigres, no somos osos, no somos águilas.
Somos menos que los licaones, porque somos incapaces de trabajar por el bien de todos. Caemos devorándonos unos a otros, y lo que es peor, precipitamos la caída de quienes nos rodean.
Como decía ayer Iñaki Gabilondo en su “columna” diaria, nadie va a ponerle el cascabel al gato.
El Gobierno por no perder las elecciones, la oposición, porque espera que el Gobierno las pierda, los sindicatos porque siguen atareados en defender los pocos derechos que les van quedando a sus afiliados, y los empresarios simplemente porque no están por la labor de remar con los demás.
Así que así nos va, somos una tribu desperdigada y en guerra consigo misma que intenta codearse con otros países, y sólo lo consigue por simpatías pretéritas, por derechos adquiridos que apenas podemos mantener o por que esos otros tienen interés en nosotros como consumidores o serviles aliados.
Por lo demás, somos la risa y el escarnio.
¿En qué país salvo en España e Italia un escándalo como el de Gurtel puede reforzar la mayoría del partido investigado? ¿En qué país se tolera que un gobierno de bandazos en economía en la crisis más grande de los últimos 80 años? ¿Qué país tolera personajes ridículos dedicados a dirigir los destinos de decena de miles en Ayuntamientos, o cientos de miles en comunidades autónomas?
Mientras tanto, España se va hundiendo, y cae hacia el lugar del que nunca debimos salir, la 2ª División, en palabras de Gabilondo.
Porque la otra alternativa, que nos pongamos todos a trabajar, que intentemos encontrar salidas a esta situación juntos, aunque sean salidas que no gusten a todos, sindicatos, empresas petroleras o quien sea. Esa otra alternativa, no vamos a saber realizarla.
Incapaces.